




Con la llegada del Y2K, las
marcas han optado por rediseñar o relanzar artículos inspirados en la tendencia
de los dos mil, como los pantalones a la cadera, anchos, faldas cortas y
nuevamente a la cadera; claro, todo con un estilo destressed: rasgado, sucio,
mal cortado y decolorado. Prueba de ello el set de Miu Miu con la minifalda que
hemos visto en distintas editoriales y Balenciaga, marca que lleva la punta de
lanza en marketing viral de redes, no se pudo quedar atrás consiguiendo lo que
buscaba.
El
lanzamiento del modelo Paris High Top Full Destroyed tiene el llamativo logo de
Balenciaga Graffiti en la suela disponible en negro y blanco con precios que
ascienden hasta los $14,500 MXN, limitados a 100 piezas a nivel mundial de
tenis extremadamente destruidos que inclusive no tienen talón.
Esta tendencia de ropa, zapatos
o accesorios destruidos tiene un origen en un turbio pasado de la tendencia
“homeless chic”. Trend que se basa en la indumentaria de los indigentes urbanos
que en varias ocasiones de la historia reciente tuvieron un extraño movimiento
sobre las pasarelas. Pero que también toma parte del discurso sobre los
materiales no renovables de los que el ser humano es responsable.
Un antecedente muy famoso de esta tendencia fue la colección de
Dior haute couture primavera 2000 inspirada en la población sin hogar de Paris
cuando John Galliano era el director creativo de la firma.
La colección estuvo inspirada específicamente los vagabundos que
decía (John Galliano) observar mientras corría por el Sena. En esa ocasión,
Galliano ofreció ropa deconstruida en exquisitas prendas de vestir, incluidas
algunas que parecían periódicos apilados para calentarse; para la joyería
improvisada, ensartó compilaciones de basura variada, desde utensilios de
cocina abollados hasta mini botellas de whisky.
A finales de los 10’s también tuvo un singular despunte sobre
las pasarelas, con marcas como Yves Saint Laurent, Vivianne Westwood y Margiela
y que ahora, en 2022, resurge en un contexto de invasión de Rusia a
Ucrania, los escases de recursos naturales, la tendencia Y2K y consumismo, así
que tal vez este lanzamiento no esté tan descabellado.
En Milán para la colección masculina de otoño de 2010 de
Vivienne Westwood celebró lo “chic sin hogar” inspirada en”el vagabundo errante
cuyo atuendo diario es un equipo de batalla”. Para el desfile, Westwood
cubrió la pasarela con cajas de cartón y decoloró el cabello de sus modelos
para lograr ese look de recién despertadas de un banco del metro. Las
modelos en la pasarela cargaron sacos de dormir, empujaron carritos de compras
y uno “salió de su caja de cartón con un saco de dormir, se lo colgó del cuello
y se alejó rápidamente”.
Estos ejemplos ilustran los
problemas de “blanqueo” o inclusive en apropiación cultural. En los tiempos que
vivimos la moda también es política, y donde además los medios también juegan
un papel crucial en cómo son percibidas estas “inspiraciones”, pues hacen pasar
por algo chic una situación de calle, sin hogar, salud y que en muchas
ocasiones derivan más problemas derivados por la falta de higiene.
No olvidemos el caso de Slavik, un vagabundo que a principios de
la década pasada tomó relevancia luego de que el fotógrafo Yuko Dyachyshyn lo
descubriera en las calles de Ucrania vestido de una forma “fuera de lo común
para un vagabundo”. Llegando a romantizar su estilo de vida limitado con frases
como “solo vive con lo necesario” o “no hace falta mucho dinero para vestir
bien”.
En su andar por las calles encontraba ropa, artículos o lo que
fuera necesario para adaptarlo a su cuerpo o las temporadas del clima. Durante
dos años, el fotógrafo y Slavik mantuvieron contacto y el fotografió capturó
varias de sus “looks” para después, mediante recortes y edición las manipulara
para hacerlas pasar por portadas de las revistas más famosas del mundo.
Al día de hoy se desconoce su paradero, pues nunca fue retirado
de las calles aunque su imagen fuera lo bastante viral para dejar las calles.




